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Hno. Carlos Fernández Dorador

Fundador de los Hermanos Obreros de María

 

BREVE HISTORIA DE NUESTRA FUNDACION

El Hermano Fernández Dorador O.M., fundador de los Hermanos Obreros de María, nació en Granada, el día 21 de Mayo de 1905, hijo de D. Francisco Fernández Santaella y Dª Remedios Dorador Sevilla. De este matrimonio nacieron once hijos, su domicilio fue en Granada, Almona del picón número 3, donde vivió con sus padres hasta la edad de los 14 años.

Su padre tenía una fábrica de jabones en el ya referido domicilio, de lo que vivían toda la familia. Matrimonio cristiano, cuyo testimonio es entre otros el copioso fruto del número de hijos con que Dios nuestro señor les bendijo.

Una de las hermanas llamada Consuelo, una vez terminada su carrera de piano, ingresó como religiosa en la compañía de María, de cuya Comunidad fue Superiora durante 45 años. Esta Hermana influyó siempre mucho sobre el Hermano Carlos, fue su madrina de bautismo.

El Hermano Carlos, a los 14 años de edad, marchó con otra hermana suya casada en Arjonilla (Jaén), donde el cuñado ejercía como médico titular del pueblo. Esta separación de sus padres fue debido a contratiempos económicos que acaecieron en la familia. El hermano Carlos era el noveno hijo del matrimonio.

Tuvo que dejar sus estudios y se colocó en un comercio de Arjona en calle Cervantes 19, dedicado a la venta de ultramarinos y otros, con D. Luis de la Haza Barberán, propietario del establecimiento, quien lo atendió como a un hijo más. A los 18 años llegó a ser dependiente mayor y a los 21 se estableció por su cuenta.

INQUIETUDES Y ASPIRACIONES DEL HERMANO CARLOS

El 31 de Mayo de 1915, hizo el hermano Carlos su Primera Comunión, preparado por su madrina y hermana, la que poco después sería religiosa de la Compañía de María Madre Consuelo. Según escribe en sus apuntes privados el Hermano Carlos, el día de su Primera Comunión fue cuando por vez primera se sintió llamado a consagrarse a Dios Nuestro Señor en la vida Religiosa. Al principio, no sabía cómo explicar lo que sentía en su interior, pero lo que sí dice tener muy claro era el hacer algo por los niños y jóvenes necesitados de amparo y protección. Al separarse de sus padres creyó poderse liberar de la idea que tantas veces le venía a su mente; creía que era todo efecto de no haberse separado nunca de sus padres y no conocer otro mundo.

Persistiendo en la idea de su vocación a la vida religiosa, y al ver la cantidad de niños y jóvenes que deambulaban de un sitio para otro, carentes de ambiente familiar normal y medios económicos, la despreocupación de la sociedad pudiente y la poca atención que prestaba al problema de estos niños y jóvenes marginados por esta sociedad egoísta, se acentuó más en él, el deseo de dedicar su vida y sus medios económicos a ayudar a esta parte de la sociedad que había de ser el día de mañana parte del mundo del trabajo. Creyó ser el momento de poner en práctica la idea que concibió el día de su Primera Comunión.

Para comenzar esta labor cristiana y social, alquiló una casa en el pueblo, aparte de aquella en la que tenía su negocio, y comenzó a albergar a algunos niños pobres que deambulaban por el pueblo sin rumbo fijo, a los que les procuraba alojamiento, manutención y colegio.

Consultado el caso con el párroco del pueblo le dijo que la idea era maravillosa, pero que para la obra que pensaba llevar a cabo, era necesario una adecuada preocupación, ya que sus pretensiones no eran las de dar una solución momentánea o de plazo corto a la situación de esos niños que acogía, sino que la obra debía tener continuidad. Para lo que él quería, debía tener la formación que dan los religiosos para esta clase de labor o apostolado, dentro del carisma cristiano que él quería que recibieran esos niños para su preparación futura y reintegración definitiva en la sociedad en la iban a vivir.

En uno de los viajes que hizo a Granada para visitar a sus padres, se entrevistó con el sacerdote D. Francisco Antiñolo Márquez, el que, conocedor del proyecto del Hermano Carlos, le aconsejó se pusiese en contacto con los Padres de la Compañía de Jesús, Orden que D. Francisco creía la más idónea para el carácter y la obra cristiana y social que se proponía llevar a cabo el Hermano Carlos.

El Hermano Carlos consultó con los Padres de la Compañía de Jesús y otros sacerdotes que éstos les recomendaron para quedarse más seguro de la resolución que había de tomar. Desde entonces, ya no dejó el contacto con D. Francisco de Antiñolo.

EL INGRESO DEL HERMANO CARLOS EN LA COMPAÑÍA DE JESÚS

A principios del año 1931 y tras larga lucha, se decidió por su ingreso como Religioso en la Compañía de Jesús. Dado que en aquella fecha los Jesuitas habían sido expulsados de España, el Padre Provincial, decidió enviarlo a Bélgica donde hizo el período de formación o Noviciado. Aunque el hermano Carlos cuantas veces había hablado con el Padre Provincial, y con el maestro de novicios y otros, les había dicho que él no pretendía hacerse sacerdote, ni tampoco permanecer en la Compañía de Jesús, más que el tiempo que le fuera necesario para completar lo más posible su formación integral en el campo cristiano y social del apostolado.

A pesar de lo pactado con el Padre Provincial y el Padre Maestro de novicios, ingresó en el Noviciado como escolar, es decir, para seguir la formación clerical. El Hermano Carlos reiteradas veces manifestó a sus superiores lo que él creía le pedía el señor para la obra que quería realizar, dedicándose a acoger niños y jóvenes que además de pobres careciesen de ambiente familiar normal y al propio tiempo solucionar también la cuestión de algunos jóvenes, que sintieron ser llamados a la vida religiosa y al apostolado directo con las almas, pero que no tenían vocación para el sacerdocio.

Una vez terminado el período de formación, y tras 18 años, seguía viendo con toda claridad que Dios Nuestro Señor, lo que pedía de él era que hiciese la Fundación Hermanos Obreros de María, no obstante, sus Superiores le recomendaron pensarlo durante un año más cuidando del observatorio de Cartuja (Granada).

PRIMEROS PASOS PARA LA FUNDACIÓN

Antes de que el Hermano Carlos se marchase del Colegio de San Estanislao, del Palo (Málaga), donde estuvo de Prefecto de empleados durante 9 años para descansar en Cartuja como le había ordenado el Provincial, conoció, en el año 1947, a un joven llamado Agustín Parra Sánchez, a quien después de haberlo tratado algún tiempo, le expuso la idea de la Fundación que se iba a comenzar, no sabía si en Málaga o Granada. Al joven en cuestión le pareció bien la idea, que acogió con entusiasmo, y le dijo que contase con él a partir de aquella fecha, lo que el Hermano Carlos aceptó. Se preocupó de que recibiera una adecuada formación espiritual y religiosa, ya que como sabía el Hermano Carlos, los comienzos de toda Fundación eran siempre muy duros y convenía estar lo mejor preparados posibles. De acuerdo con el Provincial Padre Juan Guin, Agustín Parra, estuvo tres años entre el noviciado y el colegio de San Estanislao, mientras esperaba que se le avisase para comenzar la Fundación en el sitio que fuera.

Durante su permanencia en la provincia de Jaén, hizo amistad con un joven que estudiaba Derecho y luego una vez terminada la carrera, se hizo sacerdote, llamado D. Luis Ramírez Olivares, que a su vez estaba de capellán como funcionario de la Diputación Provincial de Granada, en el Orfelinato de Niño Jesús, en Armilla. Como ya estaba en antecedentes de lo que pensaba hacer el Hermano Carlos le ofreció hacerse cargo del pabellón de niños mayores con lo que al menos tendría donde poner en marcha la Fundación de Hermanos.

El 31 de Mayo de 1950, se trasladó de Cartuja al Orfelinato del Niño Jesús de Armilla el Hermano Carlos, y 3 días después, se le unía el Hermano Parra, aunque con antelación debió mandar desde Málaga, donde residía (Colegio San Estanislao, Padres Jesuitas), un escrito en el que se hacía constar que se marchaba a Granada a unirse con el Hermano Carlos Fernández Dorador para dar comienzo a la Fundación “Hermanos Obreros de María”.

Una vez instalados en el primer domicilio que tuvieron los Hermanos Obreros de María, se unieron en colaboración los Sacerdotes D. Francisco Antiñolo Márquez como asesor religioso y D. Luis Ramírez Olivares, como director espiritual de niños y jóvenes y colaborador en lo económico, ya que cuando salió el Hermano Carlos de Cartuja para hacer la Fundación no tenía ni un céntimo y tuvo que pedir prestadas 100 pesetas para trasladarse a Armilla. Ese dinero posteriormente lo devolvería al que en su día se las prestó, el Padre Rector de la Facultad de Teología de Cartuja, Padre Juan Ponce.

En los primeros días del mes de Junio, visitó el Hermano Carlos al Excelentísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo de Granada D. Balbino Santos y Oliveras, el cual ya estaba informado del proyecto que tenía el Hermano Carlos y le dio autorización para que comenzase, así como que una vez comenzado a funcionar le fuese a visitar para encauzar la obra como congregación religiosa de la Iglesia Católica. Estas fueron siempre las pretensiones del Hermano Carlos para darle solidez y continuidad a lo que siempre creyó el Hermano Carlos era para lo que Dios Nuestro Señor quería servirse de él.

El Hº Carlos creyó necesario el que la Fundación tuviese Casa propia, para lo que todos los días , iba a buscar casa, desde Armilla a Granada, con el primer hermano que tuvo, el hermano Parra, el que a su vez le servía de secretario. Como los medios económicos eran bastante escasos y había que coger todos los días el tranvía que en aquellos entonces valía 0,75 céntimos, el Hermano Carlos compró una bicicleta a plazos y en el portaequipaje le puso un pequeño cojín y de esta forma, el Hermano Parra, le llevaba y traía a todas partes.

En uno de esos viajes le hablaron del Convento de Santa Inés, el cual visitó y a pesar de estar declarado en ruinas el patio de las "columnas", al Hermano Carlos le pareció bien y habló con las religiosas propietarias del inmueble, que le dijeron que al ser una obra así, ellas estaban de acuerdo (Año 1952).

El Hermano Carlos y la labor a realizar con los niños y jóvenes a que atendía la obra, requería tener personalidad jurídica, habló con el entonces Gobernador Civil de Granada, D. Servando Fernández Victorio y este, conocedor de la labor social que realizaban los hermanos, le dijo al Hermano Carlos que le presentase unos estatutos para que él lo pudiese mandar a su vez al Ministerio de Gobernación, Departamento de Política Interior, para que se nos reconociese el derecho de Asociación. El Hermano Carlos, elaboró los estatutos que le pidió el Sr. Gobernador, exigiendo al Ministerio el reconocimiento de la obra por la Iglesia, D. Balbino, después de algunas trabas, dio informes favorables y aprobaron los Estatutos al Hermano Carlos por el Gobierno, el 14 de Abril de 1.953.

El 23 de Abril de 1.953, después de haber gastado mucho dinero, el Hermano Carlos, en reparar el Convento, dinero que aportó el Gobernador Civil y personas seglares que ya les calaba la labor que están haciendo los Hermanos del Hermano Carlos, como denominaban las gentes a los hoy Hermanos Obreros de María.

Pagadas las primeras reparaciones, entraban los 18 primeros niños al convento de Santa Inés, costeados por el Gobierno Civil de Granada. Estos niños se dedicaban al ejercicio de la mendicidad.

A la inauguración del convento de Santa Inés, convertido en el colegio Internado para niños pobres, acudió el vicario general, D. Paulino Cobos, asistiendo también autoridades civiles y militares y un considerable número de bienhechores y colaboradores de la obra.

Gran parte de las obras realizadas en el Convento de Santa Inés, fueron hechas por los Hermanos y un grupo de niños del Reformatorio de San Miguel, capitaneados por el Hermano José Domínguez, director de la Casa San Miguel que pertenecía a la Junta de Andalucía.

Los Hermanos Obreros de María, se hicieron cargo de la Casa San Miguel, en aquellos entonces dependiente del consejo superior de Protección de Menores, con el consentimiento de D. Balbino, el día 25 de Septiembre de 1.950. El Hermano Carlos envió para unos meses al Hermano Parra, mientras tanto se formaban los nuevos aspirantes a hermanos, que por aquellos entonces eran siete los miembros que componían la Fundación. A primeros de Mayo del siguiente año se hicieron cargo de la casa cinco hermanos. El Hermano Carlos fue enviando Hermanos a San Miguel hasta reunir una comunidad de cinco.

Un buen día, el Hermano Carlos, reunió en Santa Inés a varios hermanos y les habló a cerca de la aprobación de la Fundación como Pía Unión, y que pronto lograríamos el reconocimiento por la Iglesia como Religiosos y en efecto así fue, al poco tiempo de fallecer D. Balbino, su sucesor, D. Rafael García y García de Castro, el día 26 de Febrero de 1955 reconocía canónicamente a los Hermanos Obreros de María, como Pía Unión.

Desde el inicio de la Fundación, los dos primeros hermanos que estaban en Armilla, los Hermanos Carlos y Parra, comenzaron observando las Reglas de la Compañía de Jesús. Más adelante el hermano Carlos las adaptó, o para mejor decir, hizo por las que hoy están regidos los hermanos Obreros de María. Aunque no se puede negar que el espíritu es Ignaciano en algunas cosas.

Hubo un considerable número de padres de la compañía de Jesús que ayudaron al Hermano Carlos, colaborando con los hermanos en la dirección espiritual de niños y de hermanos, otros asesorando y abriéndole puertas, como se suele decir, y otros aportaban limosna y ayudas en especies, o personas que económicamente pudiesen ayudar a los hermanos en la labor cristiana y social que habían comenzado con tanta ilusión y que Granada tan necesitada estaba de ser atendida en el sector infancia y juventud en el aspecto educativo.

Desde los primeros tiempos Granada ha colaborado siempre con los Hermanos Obreros de María tanto con su apoyo moral como económico. La prueba está en las 100 pesetas que prestó el rector de Cartuja al Hermano Carlos, gracias a las cuales se dispone hoy de un patrimonio para los Hermanos Obreros de María. Patrimonio que como se expresa muy claro pertenece a la colaboración del pueblo de Granada y algunas de las autoridades que las han gobernado, que nos han recabado algunos fondos. Han sido dineros de empleo comunitario lo que los hermanos han empleado a ayudar a la construcción de la Ciudad de los Niños de Granada y renovación del convento de Santa Inés, al que ha sido necesario en algunos sitios sólo dejar la parte exterior, y poner nuevas vigas, olerías, etc.

La ayuda que en los comienzos prestó a los Hermanos Obreros de María Cáritas Diocesana, fue bastante valiosa y de tener en cuenta, la década de los 50 fue muy difícil para la Fundación ya que las pensiones con que contaban para la manutención y cuidado de los niños era de 4 a 6 pesetas por niños y día, con lo que era imposible llevar una casa adelante.

LOS HERMANOS OBREROS DE MARÍA UNA VEZ RECONOCIDOS POR LA IGLESIA AMPLIAN SU CAMPO DE ACCIÓN

Aunque los dineros siempre han sido escasos en los Hermanos Obreros de María, por las muchas atenciones a que tienen que hacer frente, esto no retrajo al Hermano Carlos para que se metiera en deuda de 61.000 pesetas, para con ellas adquirir unos terrenos con un pequeño molino de harina y aceite, en Monachil (Granada); con el fin de poder llevar a los niños de veraneo allí. La Casa Convento Santa Inés se quedó pequeña, pues a los 2 años de apertura pasaban de los 400 los niños que atendía la Institución. 14 años duró la deuda de las 61.000 pesetas que costó la casa de Monachil.

El Hermano Carlos con miras a poner en práctica sino todas, la mayor parte de las obras de apostolado a que pueden dedicarse los Hermanos Obreros de María, se puso a buscar terrenos para la construcción de la primera Ciudad de los Niños. La extensión que ocupa aproximadamente la Ciudad de los Niños de Granada es de unos 75 marjales de tierra, de los que han sido edificados los suficientes para albergar a 600 internos desde el hogar Infantil hasta la Formación Profesional, pasando por escuelas, talleres, zonas deportivas y recreativas...

La segunda Casa que fundó la Institución fue en Badajoz, tomando a su cargo un internado de la Junta de Protección de Menores de aquella ciudad, a petición del consejo superior de Protección de Menores. En esta provincia los Hermanos Obreros de María estuvieron solo 14 años, ya que el edificio, aunque de nueva construcción, comenzó a caerse y no lo reparaban en condiciones, por lo que hubo de optar el Hermano Carlos por traerse a los hermanos de aquella provincia.

En el año 1967 le ofrecieron al Hermano Carlos el hacerse cargo del Reformatorio de Huelva, lo que aceptó, con miras a fundar en aquel extremo de Andalucía una Ciudad de los Niños.

Una vez en Huelva la asociación de propagandistas de acción Católica se reunieron con el Hermano Carlos para tratar de ver la forma de llevar a cabo las obras de la Ciudad de los Niños. La superficie donde está construida la Ciudad de los Niños de Huelva viene a ser de unas 10 hectáreas de terreno. Los primeros 4.000 metros los regalaron los propagandistas de acción católica, el resto fue costeado por suscripción popular.

Los Hermanos Obreros de María desde sus comienzos en Huelva cuentan con la asociación de cooperadores, sector muy importante en esta clase de obras, ya que no solamente aportan en metálico y especies, sino que también prestan su esfuerzo personal. La Casa de Huelva consta de residencia con 300 camas, colegio, talleres con vida propia. Para aquellos jóvenes que no pueden aprender la técnica de un oficio, se dan cursos del INEM de distintas especialidades, no solamente para los jóvenes de la Ciudad de los Niños, sino para otros de fuera del centro. Con lo que también se está haciendo un excelente labor social.

La última Ciudad de los Niños es la de Málaga. Aunque tiene escrituras de propiedad a nombre de los Hermanos Obreros de María del 18 de Octubre de 1968, las obras comenzaron el 26 de Junio de 1977.

MUERTE DEL HERMANO CARLOS Y CONTINUIDAD DE LOS HERMANOS OBREROS DE MARÍA

Aunque el hermano Carlos desde el año 1946, que sufrió el primer infarto de miocardio estaba delicado de salud, no se le impedía desarrollar toda la actividad que exige la fundación y Dirección de una labor como la que realizan los Hermanos Obreros de María.

En 1970 le volvió a repetir en la Casa de Santa Inés el segundo infarto de miocardio, fue cuando se puso en tratamiento médico. Él decía a los Hermanos que había pedido al Señor, le prolongase la vida 5 años más.

Al cuarto infarto de miocardio, que le repitió el 16 de Septiembre de 1975, fue trasladado al servicio de cuidados intensivos del Hospital de San Cecilio de Granada. Los Hermanos Obreros de María esperábamos lo peor, como acaeció la mañana del 19 del mismo mes y año, a las 6 horas.

Después de dar sepultura en el cementerio de San José de Granada al cuerpo del Hermano Carlos, los Hermanos se reunieron y todos de común acuerdo dijeron de poner en marcha lo que él había dejado escrito para el día que él faltase.

Seis meses estuvo vacante el puesto de Superior General, pero debido a los muchos asuntos que estaban pendientes, se hacía necesario nombrar al nuevo Superior General, sucesor del Fundador.

Estando de Secretario General el Hermano Agustín Parra Sánchez y primer vocal de la Junta Generalicia, era el que por Constitución tenía que convocar Junta General Extraordinaria. Se avisó al padre Eduardo Moorede de la Compañía de Jesús para que diese un triduo de preparación y todos los miembros de la Fundación se concienciaran de la responsabilidad que tenía en la elección del nuevo Superior General. Se dio cuenta al Arzobispado de Granada del día y la hora en que iba a tener lugar la votación del nuevo Superior General de los Hermanos Obreros de María y sucesor de Fundador. El entonces Arzobispo de Granada D. Emilio Benavent, envió a Monseñor D. Francisco Antiñolo Márquez, al que desde comienzos de la Fundación, el Hermano Carlos había pedido al Señor Arzobispo le concediera el favor de nombrarlo asesor religioso de la Institución.

Tras la celebración de la Eucaristía, la invocación del Espíritu Santo y el rezo del Ave María se procedió a la votación saliendo elegido por mayoría el Hermano Agustín Parra Sánchez, quien desde 1947, año en que se unió al Hermano Carlos, había venido ejerciendo las funciones de Secretario General de la Institución y particular del Hermano Carlos.

Entre las cosas pendientes de realizar por parte de nuestro querido Hno. Carlos, quedó la compra del convento de Santa Inés donde los Hermanos llevaban 24 años pagando alquiler, más toda la reforma que se le había hecho para ser habitado, y donde iban gastados más de 12 millones de pesetas. Quedaban pendientes de construir la Ciudad de los Niños de Málaga comenzando por las explanaciones y muros de contención hasta ponerla en condiciones de habitarla.

Construir el nuevo pabellón de Formación Profesional de Granada y el salón de actos; y en Huelva un nuevo pabellón escolar con 16 unidades, una piscina, así como poner en funcionamiento los talleres con vida propia y comenzar los cursos del INEM.

En todas las provincias donde existen Ciudades de los Niños, ésta tiene mucha aceptación y la gente contribuye a la labor cristiana y social, que realizan los Hermanos Obreros de María.

De referencia a la labor social a que se dedica esta institución con niños y jóvenes que acoge en sus distintos Centros, se habla de ello en las Constituciones, así como de los hombres que la componen y la formación que reciben.

Por lo ya referido en el párrafo anterior creemos son suficientes los datos que forman esta breve memoria.

Actualmente, en la Ciudad de los Niños, los Hermanos Obreros de María, siguen ejerciendo su labor formativa y cristiana en las ciudades de Huelva, Granada y Málaga.
 

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